La final de la Copa Africana de Naciones (AFCON) entre Marruecos y Senegal terminó envuelta en una fuerte polémica arbitral que derivó en el abandono del terreno de juego por parte del seleccionado senegalés, cuando el partido se encaminaba a la prórroga.
El encuentro, disputado con alta tensión y pocas concesiones, se mantuvo sin goles durante los 90 minutos reglamentarios, con ambos equipos priorizando el orden defensivo y la cautela propia de una final continental. Senegal dominó por momentos la posesión, mientras que Marruecos apostó por transiciones rápidas y el desequilibrio individual.
El punto de quiebre llegó en el tiempo añadido. Tras anunciarse ocho minutos de compensación, y cuando todo indicaba que el encuentro se extendería a la prórroga, el árbitro señaló penal a favor de Marruecos en los instantes finales, tras una acción sobre Brahim Díaz dentro del área.
La decisión desató una airada protesta del conjunto senegalés, cuyos jugadores rodearon al juez reclamando la sanción. En medio de la confusión y la tensión, el técnico de senegal Pape Bouna Thiaw ordenó a sus jugadores abandonar el campo, negándose a reanudar el juego, lo que provocó la interrupción definitiva del partido.
El reclamo provenía de una jugada anterior en la que se anuló un gol a Senegal por una falta inexistente en el área a un jugador de Marruecos, instancia que fue pitada instantáneamente por el colegiado Jean-Jacques Ngambo Ndala.
Tras más de 20 minutos de tensión y con la decisión de Sadio Mané de que sus compañeros regresaran al campo, el partido se volvió a jugar desde el penal. Brahim Díaz fue el encargado de ejecutar desde los once pasos, pero no concretó el gol gracias a un intento de picadita fallada y que fue atajada por el arquero Mendy.
Posteriormente, Gueye fue el encargado de sentenciar el encuentro con un trallazo desde fuera del área para poner el 1-0 definitivo y darle así el título a Senegal.
