uede que interprete un personaje bidimensional, pero es una triple amenaza.
Esa es Jasmine Amy Rogers, la actriz de 25 años que está haciendo un maravilloso debut en Broadway en “Boop”, la comedia musical en el Teatro Broadhurst.
Qué refrescante es ver, durante esta temporada deprimente marcada por celebridades de primera línea que no dan lo que esperan a cambio de grandes sumas de dinero , una auténtica nueva estrella del escenario bailando y cantando con los mejores.
Lo más impresionante para la recién llegada es que le han encomendado la difícil tarea de darle vida a un ícono cultural tonto y en gran medida irrelevante (el personaje de dibujos animados de los años 30 Betty Boop) y convertir a la coqueta creación de la Era del Jazz en un ser humano con el que podemos identificarnos.
Rogers hace precisamente eso, con un guiño, una voz sublime y un espíritu contagioso.
“Boop”, un musical divertido aunque no fantástico con una banda sonora chispeante de David Foster y Susan Birkenhead, le da a Betty el tratamiento de “Elfo” y “Barbie” al arrojar la marca registrada parlante al duro mundo real.
Ansiosa por escapar de su existencia simple y en blanco y negro con Pudgy, el perro, en una casa que parece un “Pee-wee’s Playhouse” monocromático, la cantante y estrella de cine de cabello rizado usa uno de los extravagantes inventos de Grampy (Stephen DeRosa) para viajar a Manhattan en 2025.

Cuando aterriza, curiosamente, en la Comic Con del Javits Center, viaja de Kansas a Australia. Brillantes destellos de color danzan por el escenario y Betty conoce a un tipo diferente de persona más grande que la vida en los cinco distritos.
Nueva York, observa Betty, “parece una caricatura”.
Ella pronto se enamora de un trompetista llamado Dwayne (la encantadora Ainsey Melham, de voz sedosa, cuyas melodías tienen un toque de Michael Buble) y ayuda a su precoz hermana menor Trisha (Angelica Hale) a encontrar confianza.
Una vez que los periodistas de NY1 se dan cuenta de que Betty Boop ha cobrado vida milagrosamente (el programa es muy consciente de su propia ridiculez y la exagera), ella inesperadamente consigue un papel crucial en las elecciones a la alcaldía.

La trama de “Boop”, al igual que su título, es monosilábica. A a Boop. El libro, básico y predecible, del escritor Bob Martin es sin duda un guiño a sus cortometrajes, como “Betty Boop, MD” o “Betty Boop’s Big Boss”.
No vengas a buscar “¿Quién le teme a Virginia Boop?”. ¿Y por qué lo harías?
No siempre me importó el rumbo de la historia. Por ejemplo, el abuelo y Valentina, su exnovia astrofísica interpretada por Faith Prince, ofrecen un alivio cómico decepcionante en un musical que ya es pura comedia.
